Estar presente

 

Estoy con mis amigos cenando en un restaurante. El ambiente está muy distendido, es agradable reunirse de vez en cuando dejando atrás los diferentes turnos de trabajo que tenemos todos. Durante el segundo plato, me doy cuenta de que uno de mis amigos aún está empezando sus entrantes. La verdad es que no ha sido de los más participativos en la conversación que estamos teniendo. Tampoco es que coma demasiado despacio. Junto a su cuchillo, pegado a su plato, tiene su teléfono móvil, el cual no deja de mirar cada pocos minutos, a veces segundos. Le pregunto si sucede algo, o si está pendiente de alguna noticia importante. Se ríe, y me dice que no, está mirando “las tonterías que sube la gente a Facebook. Es increíble lo mal que está la gente de la cabeza”, me dice mientras sigue absorbido.

En la mesa de al lado hay dos mujeres, compañeras de trabajo. El camarero les atendió unos diez minutos atrás, pero ellas pidieron un poco más de tiempo para elegir que cenar. “¿Han decidido ya lo que van a tomar?”, una de ellas ni siquiera le mira, está jugando con su móvil, mientras que la otra se sonroja y admite que se han puesto a mirar el teléfono y se han olvidado de mirar la carta.

“La ausencia es para el amor lo que el viento es para el fuego; extingue los pequeños y enciende los grandes.” – Roger de Rabutin

Cuando nosotros terminamos de cenar y nos levantamos para abandonar el restaurante, me doy cuenta de que esas dos mujeres no se han dicho ni una sola palabra durante la cena, sus rostros estaban completamente iluminados por las pantallas de sus teléfonos, y comen de manera autómata, sin ni siquiera mirar lo que se llevan a la boca.

Estos dos ejemplos (REALES) y tan gráficos sirven para ilustrar lo poco presentes que estamos en muchas ocasiones.

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“La incapacidad de resistirnos a verificar una y otra vez la bandeja de entrada de nuestro correo o de nuestra página de Facebook, en lugar de seguir atentos a nuestro interlocutor, desemboca en lo que el sociólogo Erving Goffman, magistral observador de la interacción social, ha denominado como un “fuera”, es decir, un gesto que transmite a la otra persona el mensaje de que “no estoy interesado” en lo que sucede aquí y ahora. Una ejecutiva del mundo editorial me confesó sentirse desbordada, al cabo de un rato de no comprobar el estado de su teléfono móvil, por “una sensación de discordancia, ya que echas de menos el impacto que acompaña a la recepción de un mensaje. Y por más que sepas que no está bien comprobar tu teléfono cuando estás con alguien, se trata de algo adictivo…” – Daniel Goleman (Focus)

¿Qué significa realmente estar presente?

Estar presente es exactamente eso, vivir únicamente en el presente. En el momento exacto en el que estamos.
Estar presente es dignificar a la persona con la que estamos, convirtiéndola en la única que existe para nosotros en ese momento.
Estar presente es observar sus ojos mientras nos habla, haciéndonos participes de su profundidad.
Estar presente es escuchar a su cuerpo, entendiendo el estado emocional en el que se encuentra en ese mismo instante.
Estar presente es empatizar hasta el límite, sintiendo sus palabras y lo que significan para esa persona.
Estar presente es olvidarnos de nuestro teléfono, sabiendo que no hay nada más importante que ese mismo momento. No existen urgencias, no esperamos ningún email, nuestro whatsapp deja de funcionar.

“No puede existir coaching sin presencia. No actuamos como seres humanos racionales sin ella. La impaciencia y la ansiedad que mostramos cuando dejamos de estar presentes con los que nos rodean es una falta de interés perceptible para nuestros interlocutores. Seguimos sin querer darnos cuenta de que no hay mayor satisfacción en cualquier tipo de relación que la de llegar a empatizar por completo con otra persona. La sociedad del LO QUIERO YA nos empuja a estar constantemente pensando en lo que vamos a hacer después, y nos aleja de lo que estamos haciendo ahora. La sociedad del QUÉ PENSARÁN nos invita a estar continuamente sacando fotos y subiéndolas a la red en tiempo real para que todos nuestros contactos vean lo que bien que nos lo estamos pasando en la cena con los amigos, a pesar de estar completamente aislado de ella. Porque estar frente a alguien y no darle la importancia total que merece, no es presencia, sino ausencia. “

Jesús Sánchez-Camacho Matilla

 

 

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