Actitud GPS

¿Cuál es tu objetivo? ¿Para qué quieres llegar allí? ¿Qué motivos te han llevado a marcarte dicho objetivo? ¿Quieres llegar hasta allí realmente? ¿Por qué elegiste ese destino y no cualquier otro?

La mayor parte de mis artículos surgen a partir de conversaciones que tengo con otras personas o, como en este caso, de charlas o ponencias a las que asisto.
Ayer estuve en un curso de formación en el que hablaron de la actitud GPS.

¿Qué es lo que deseas en la vida? ¿Lo tienes claro? ¡A por ello!
Es importante que tengamos claro nuestro destino, nuestro objetivo, en todo aquello que llevamos a cabo.

¿Qué haces tú cuando, mientras tratas de conseguir ese objetivo, algo sale mal? Los imprevistos son algo tan cotidiano como lo son los cambios de temperatura.

“Así es como se conoce realmente a las personas. En sus reacciones ante lo inesperado”
– Santiago Posteguillo

Todos hemos usado alguna vez un GPS para llegar a una dirección en la que nunca hemos estado. A algunos les gusta más usarlo que a otros, es cierto, pero en algún momento de nuestra vida ese aparato que habla (normalmente tarde y a destiempo) se vuelve imprescindible. Pensad en qué ocurre cuando esa vocecita tan monótona nos indica que giremos a la derecha  y vemos que hay una señal de prohibido que nos mira y se carcajea de nosotros. ¿Qué hace el GPS? “RECALCULANDO RUTA”. Exacto. El GPS no te dice que des media vuelta y vuelvas a tu casa “sólo” por el hecho de que haya aparecido esa señal imprevista. Ese pequeño aparato se pone a buscar de manera inmediata la ruta más cercana para llevarte a donde querías. ¿Y si te pones a hablar con el copiloto y te pasas el siguiente giro? El GPS no te regaña por haberte distraído, sino que de nuevo se pone a “RECALCULAR RUTA”.

imprevisto

¿Y, qué haces tú? ¿Cómo reaccionas ante la vida cuando te enseña una señal de prohibido el paso que no esperabas? ¿Asumes que no hay más caminos para llegar a tu destino? ¿Das media vuelta y olvidas el propósito de tu viaje?

“La vida fluye incesable y uniforme; duermo, trabajo, discurro por Madrid, hojeo al azar un libro nuevo, escribo bien o mal -seguramente mal- con fervor o con desmayo. De rato en rato me tumbo en un diván y contemplo el cielo, añil y ceniza. ¿Y por qué había de saltar de improviso el evento impensado?” – Azorín

Aquel ponente se refería a la actitud GPS como a esa actitud que nos hace flexibles, que nos hace adaptarnos a las circunstancias y a los imprevistos y que nos lleva a buscar soluciones inmediatas para no perder el objetivo y para mantenernos en movimiento.

Lo que la mayoría de las veces determina si “redireccionamos” o si “recalculamos” es el motivo por el que estábamos haciendo ese viaje. ¿Cuántas veces olvidamos ese motivo y abandonamos el viaje? ¿Ese motivo era lo suficientemente importante como para buscar rutas alternativas? ¿Podrás estar tranquilo sin visitar ese destino, sin conseguir ese objetivo?

“Las motivaciones de nuestra vida son tan personales como lo son los gustos por los colores. Cuando hemos encontrado la nuestra somos capaces de recalcular ruta una, dos y hasta un millón de veces, porque ese destino es nuestro único objetivo. Cuando las motivaciones no son las adecuadas, cualquier “prohibido girar” nos invita a abandonar. Lo peor que nos puede pasar (y que de hecho nos pasa) es el vivir arrepentidos por haber cambiado de destino ante la menor dificultad, el vivir preguntándonos como será aquel “lugar” al que siempre quisimos ir, y al que nos hemos prohibido llegar.”
– Jesús Sánchez-Camacho Matilla

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