Alguien que me quiera

Existe un tipo de persona la cual siente una tremenda y constante necesidad de sentirse querido. Son personas con una frecuente baja autoestima. Personas que viven en una constante búsqueda de pareja y que, cuando rompen una relación, suelen tardar menos de un mes en encontrar al nuevo “amor de su vida”. Son personas que se sienten vacíos cuando no tienen pareja: “soy un desgraciado”, “nadie me quiere”, “nunca voy a ser feliz”, etc. son algunas de las frases que he escuchado por parte de estas personas en los momentos posteriores a su ruptura. Sin embargo, cuando se encuentran en pareja, apenas se dejan ver por los demás, supeditando su vida casi por completo a la otra persona y a su relación.

“Como ocurre con otras dependencias, como en la adicción al consumo de sustancias tóxicas, la dependencia emocional opera mediante mecanismos de refuerzo positivo, que acaba generando dependencia psicológica en el sujeto. La dependencia emocional afecta por igual a mujeres y hombres. 
Sin embargo, los hombres suelen ocultar este problema pues se sienten menos capaces de reconocer que están ‘atados emocionalmente’ a otra persona. A causa de la vergüenza en expresar el problema, algunos hombres presentan cuadros de dependencia más severos.”

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Eliminan cualquier cosa que piensen que se puede entrometer en su relación, incluyendo en muchas ocasiones a familia, amigos, trabajo…
Son capaces de abandonar las aficiones que han tenido durante toda su vida con tal de permanecer el mayor tiempo posible junto a su pareja hasta convertirse casi en su sombra.

Las personas muy dependientes emocionalmente buscan la compañía constante, incluso cuando están en casa. Procuran estar físicamente al lado el mayor tiempo posible, intentando evitar incluso el hecho de estar en habitaciones separadas. No hay que decir que el hecho de acudir a una fiesta se convierte en un aislamiento compartido, ya que en lugar de buscar relacionarse con los demás miembros de la fiesta, el dependiente emocional procurará no dejar sola a su pareja ni un sólo segundo.

El mayor problema de estos dependientes emocionales es que la vida ofrece multitud de situaciones en las que no es posible permanecer unidos durante tanto tiempo y, este hecho, es difícil de entender y de gestionar por ellos.

La falta de autoconfianza desemboca en la búsqueda externa de esa carencia. Y esa búsqueda, a su vez, desemboca en la idealización de su pareja, en la exclusividad y priorización total de su relación. Lo cual, de manera progresiva, se convierte en un pánico terrible al abandono.

El amor en su sentido más natural no es más sino la admiración que sentimos por otra persona, y el deseo de compartir experiencias con esa persona. Sin embargo, la dependencia emocional transforma ese significado en algo parecido a la obsesión y la posesión. Al dependiente emocional le acaba molestando todo lo que su pareja hace cuando no están juntos. Comienzan a idealizar a la otra persona. El miedo ante el abandono o el rechazo de su pareja, les convierte en personas sumisas, las cuales intentan satisfacer cualquier petición o pretensión de su pareja.

Cuando finalmente se produce la ruptura, los dependientes sufren un trastorno de abstinencia debido a que han supeditado toda su vida a algo que ahora simplemente no existe. Frases como las que nombré al inicio del artículo son habituales. Habitual es, también, la búsqueda inmediata de otra persona que sustituya a la anterior y le quite esa sensación de “mono” que les queda. El perfil que buscan habitualmente es el de personas vulnerables, con algún tipo de problema, que hayan sufrido a su vez una ruptura reciente, alguien con quien ellos, de manera consciente o inconsciente, se sienten identificados. La búsqueda de este tipo de perfiles provoca, ya dese el inicio, una relación desequilibrada y al filo de la inestabilidad.

El dependiente emocional suele contar con un historial largo y amplio de relaciones fallidas. No sólo en el ámbito del amor, sino también en el personal, familiar, laboral, etc. El origen es que su falta de autoestima le crea una necesidad de intentar agradar a todo el mundo y eso es prácticamente imposible porque siempre acaba defraudando a alguien.

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Los dependientes emocionales “necesitan” a esa persona que actúe como su adulador o su verdugo, porque en ambos casos, es alguien que está cerca y se relaciona con él, por lo que elimina la soledad.

“La ciencia está corroborando que la gestión de las emociones, básicas y universales, debería preceder a la enseñanza de los valores y, por consiguiente, de los contenidos académicos” – Eduard Punset

“Un hábito es una frecuencia que nos gusta. Y un vicio es una frecuencia que nos hace mal. Cuántas relaciones que son hábito las mantenemos simplemente por vicio. Y cuántos vicios habituales acaban siendo un mero problema relacional.” – Risto Mejide

El verdadero problema es que el dependiente emocional nunca llega a ser feliz, porque la felicidad es una actitud, pero jamás debería ser un fin; porque la felicidad reside dentro de uno mismo, y el proyectarla y supeditarla externamente en otra persona nos priva de la posibilidad de actuar y decidir, y nos obliga a depender. A depender de la actitud, las decisiones, los deseos y las circunstancias de otra persona. “Busco a alguien que me quiera” podría ser, y de hecho es, el primer mensaje que estos dependientes emocionales nos dicen, ya bien sea en una conversación o a través de cualquier red social en internet. “Quiero a alguien con quien pueda ser feliz” es otra de estas frases que ya de primeras nos indica que proyectan la responsabilidad de su felicidad en otras personas en lugar de actuar de tal manera que lo puedan ser cada día. Precaución con el uso excsivo de las redes sociales, ya que son fácilmente generadoras de dependencia emocional al facilitar el constante control sobre la pareja. Cada persona debería mirarse al espejo cada día y ser conscientes de que esa persona que buscas que te quiera está frente a ella, que la única persona que le puede hacer feliz o infeliz le acompaña cada día a todas partes. La vida en pareja es genial, pero debe enriquecer y aportar, y jamás acotar o privar de nada. Nos pasamos toda la vida intentando agradar y conocer a los demás, y un extenso número de personas no es capaz de disfrutar la mera compañía de su soledad y no llega a conocerse de verdad. No me cansaré de repetir los beneficios del coaching, el profundo cambio transformacional que genera en las personas, el aprendizaje y la gestión de las emociones como nueva herramienta, y el cambio de visión e interpretación que facilita ante las circunstancias que nos suceden en la vida. Cuando el ser humano sea consciente de que la mayor inversión que debería hacer en su vida es en sí mismo, en su crecimiento y desarrollo personal, la sociedad mejorará como grupo, y como individuos autónomos. ¿Cuesta tanto entender que la inversión personal es la única que dura hasta nuestro último día?
– Jesús Sánchez-Camacho Matilla

 

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