BAJO LAS SÁBANAS

“Juan era un chico de 8 años que tenía pesadillas todas las noches. Lo curioso es que no las tenía mientras dormía, sino que éstas llegaban justo cuando se metía en la cama y su madre apagaba la luz de su habitación. Entonces, estando despierto, aquel monstruo horrible aparecía en la esquina junto a la ventana. Ese monstruo horrible tenía 4 ojos que no hacían más que moverse de un lado a otro, dos antenas que parecían dos ramas de árbol torcidas, y una boca enorme llena de afilados dientes y que no hacía más que babear. Además, emitía un ruido insoportable.
Juan entraba en pánico y se quedaba inmóvil, congelado. Intentaba gritar, pero el miedo a que aquel monstruo se pusiera nervioso y le atacara le helaba hasta la voz. Entonces….de repente, conseguía llamar a su madre, la cual venía corriendo a toda prisa, encendía la luz, y el monstruo desaparecía.
Su madre le insistía en que aquel monstruo no era real, que lo único que tenía que hacer cuando “le viera” era levantarse y encender la luz, pero Juan tenía tanto miedo que lo único que hacía era llamar a su madre para que repitiera el camino hacia su habitación y la iluminara, haciendo desaparecer a aquella horrible figura.
Pasaron los años, y aquel monstruo aparecía y desaparecía de su habitación casi todas las noches, pero Juan seguía “sin querer” levantarse a encender la luz para comprobar que todo era una imaginación suya y que allí no había nada. No había nadie. Solo él.

Juan cumplió así los 12 años, y aunque seguía viendo a aquel monstruo, su madre dejó de ir a su habitación a encenderle la luz. El niño estaba tan desesperado y asustado que optó por taparse por completo con las sábanas, porque allí se sentía seguro. El monstruo nunca le destaparía. Allí nada le pasaría. Había veces que no dormía nada en toda la noche, y se quedaba tapado hasta que los primeros rayos de luz solar asomaban por su ventana. Entonces, y solo entonces, Juan dejaba caer ligeramente su sábana para comprobar que el monstruo se había ido.

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Juan cumplió los 20 años, y aunque el monstruo que visitaba su habitación ya solo aparecía muy de vez en cuando, comprobó que la vida estaba llena de criaturas que le rodeaban y le perseguían. Ya no hacía falta que hubiera oscuridad, ya no necesitaban que Juan estuviera en su habitación. Aquellas extrañas criaturas aparecían en cualquier momento, en cualquier lugar. Juan ya no tenía la sábana para taparse, pero tenía otras cosas. Optaba por alejarse de aquellos lugares y aquellas personas que le daban miedo, aunque eso le creara otros problemas.

Juan cumplió los 40 años. Estaba casado y tenía dos hijos adolescentes que ya no vivían con él. Su miedo se había apoderado de él. Huía de manera constante de todo aquello que no entendía o que le causaba preocupación. Se alejaba de la gente que quería, dejaba de sentir pasión por las cosas que hacía. En definitiva, consumía su vida sumido en el miedo por no afrontarlo. Seguía en aquella habitación, en casa de sus padres, con la luz apagada, y cubierto con aquella sábana de lunares que le protegía de todo. La diferencia es que aquella habitación aislada era su vida. Se había quedado inmerso en un mundo sin nadie a su alrededor. La luz apagada de aquella habitación, hoy solo le aportaba sombras. Aquella sábana que le protegía pero que no le dejaba ver nada, seguía hoy alejándole de todo. Cortaba las conversaciones que no le interesaban por el miedo que generaban en él, no admitía ayuda de nadie, y se empeñaba en creerse sabedor de la verdad.

Aquel miedo de la infancia, aquellos monstruos que le observaban, hoy se habían convertido en los dueños de su vida. Y lo que en su día fue una sensación de terror, hoy se había transformado en ansiedad y depresión…”

El miedo es una alteración del ánimo que produce angustia ante un peligro o un eventual perjuicio, ya sea producto de la imaginación o propio de la realidad. También se refiere al rechazo o aversión que siente un individuo a que le pase algo u opuesto a lo que pretende para sí mismo y para sus seres queridos. El miedo resulta desagradable para quien lo padece, pero es una de las emociones básicas del ser humano, por lo que es inevitable sentirlo en algún momento de nuestra vida.

La ansiedad se encuentra relacionada con la expectativa de que algo sucederá, es decir, cuando esperamos que ocurra algo y anticipamos efectos negativos antes de que lleguen o se produzcan. Oscila, al igual que el miedo, entre una respuesta adaptativa o incapacitante.

El miedo se encuentra relacionado con la valoración de un peligro inminente, y la ansiedad con la expectativa de que algo sucederá en el futuro.

El miedo continuo provoca ansiedad y ésta, a su vez, puede llegar a desembocar en una depresión. La depresión es un trastorno emocional que hace que la persona se sienta triste y desganada, experimentando un malestar interior y dificultando sus interacciones con el entorno. En el desarrollo de la depresión, lo habitual es que se produzca una combinación entre un elevado nivel de estrés y la persistencia de algunas emociones negativas (como las anteriormente mencionadas, el miedo y la ansiedad).

Con el cuento con el que comienzo este artículo trato de ilustrar lo que un miedo incontrolado desde un inicio puede llegar a provocar. Pensar que no se necesita ayuda, o que el miedo es una enfermedad que no depende de nosotros, tiene efectos muy negativos a lo largo de nuestra vida.

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¿Cómo podemos superar el miedo a los monstruos, a la muerte, a las alturas, a la oscuridad?

Lo primero es identificar la causa de tu miedo. Ponle cara. Dale forma. Llámale por su nombre. No te tapes con la sábana para no verlo. No te alejes de ello. Pasarse la vida huyendo del miedo (tapándose con la sábana) provoca un estado de ansiedad que no te deja disfrutar de una vida plena.

Lo segundo es ser consciente de que sensaciones te está provocando ese miedo. Son unas sensaciones personales, que no afectan a todo el mundo por igual. Aprende a identificarlas en ti, y se consciente de su llegada para poder recibirlas como se merecen.

Después, es importante conocer “a vida del monstruo”. Saber cuándo te visitó por primera vez. Es una buena idea que escribas en un papel “el cuento” de tus miedos. Verlo plasmado en papel te ayuda a entenderlo mejor, y a preparar un plan de acción para hacerle frente.

Cada emoción básica tiene una intención positiva, así que conocer qué buena intención tiene tu monstruo para ti es indispensable. Y para poder saberlo, es necesario haber seguido los tres pasos anteriores. Es responsabilidad tuya (sí, solo tuya) descubrir esa buena intención de tu miedo. ¿De qué te está intentando proteger? ¿Que quiere tu monstruo que evites?

Lo siguiente es saber que el control y la gestión del miedo suponen la utilización de herramientas emocionales. ¿Ya las tienes? ¡Genial, ahora solo tienes que aplicarlas! ¿No las manejas de manera correcta? ¿Desconoces la manera en la que tienes que gestionar tu monstruo? Pues entonces, te toca involucrarte de manera directa en un proceso de aprendizaje. El coaching y la psicología son dos “armas” y dos fuentes de aprendizaje que pueden otorgarte ese nuevo conocimiento, ese aprendizaje, que te permita provocar cambios en tu actitud y en tu control sobre la situación.

¿Eres consciente de que todo lo que tiene un comienzo tiene un final? ¿Qué es lo peor que te puede pasar? En muchas ocasiones, todo aquello que tememos jamás pasará. Y en el caso de que suceda, pocas veces será peor que el hecho de pasar la vida solo en esa habitación oscura y cubierto de sábanas. ¿Eres consciente de todo lo que te estás perdiendo, y de que solo tienes esta vida para vivirlo?

Una vez has dado todos esos pasos, te has convertido en un niño capaz de tirar las sábanas al suelo, levantarte de la cama, ir hacia el interruptor de la luz y hacer que el monstruo desaparezca. Y, ¿sabes una cosa? Llegará un día en el que ni siquiera necesites encender la luz, sino que te levantarás, irás hacia el monstruo, le estrecharás la mano, y le mirarás a los ojos con una inmensa sonrisa, agradeciéndole que te haya avisado de todos los riesgos que te rodean, pero dejándole claro que eres tú quien tiene el control de tu vida.

Y TÚ,  ¿QUÉ PELÍCULA ESTÁS VIVIENDO, UNA DE TERROR O UNA DE APRENDIZAJE Y SUPERACIÓN?

Jesús Sánchez-Camacho Matilla

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