TÚ ELIGES

Me despierto por la mañana. Temprano. Aún no ha amanecido. Decido coger el teléfono desde la cama para no hacer ruido. Abro cualquiera de las redes sociales a las que tengo acceso. El time line no deja de actualizarse. Constantemente. Mi dedo desliza la pantalla, pero observo con desgana como la mayor parte de los posts, tuits, mensajes e imágenes mantienen el mismo tono. Agresividad. Odio. Falta de educación. Da igual el tema. Deporte. Política. Religión. Compañeros de clase, de profesión. La vida de los demás.

“Las Redes Sociales son un buen sitio para decirle al mundo lo que piensas, antes de que te hayas parado a pensarlo”

No es difícil comprobar que nos hemos convertido en una SOCIEDAD DE RADICALES. De extremismos. De bandos opuestos. Nos ponemos camisetas de un equipo de fútbol, de un partido político y de una religión. Somos forofos sociales. Ultras radicales que llevan por bandera el ‘Y TÚ MÁS’, y cantan el himno a capela del ‘LO QUE HACEN LOS MÍOS SIEMPRE ESTÁ BIEN Y LO QUE HACEN LOS TUYOS SIEMPRE ESTÁ MAL’. Defendemos lo que, sin saber muchas veces porqué, consideramos nuestro. Y atacamos todo lo demás. Hemos dejado de medir nuestras palabras, y hemos empezado la revolución (mal entendida) de la libertad de expresión. Nuestro radicalismo fanático social nos hace libres de expresión y carentes de educación. Aumentan los recortes mentales. (Sí, los económicos también). Masificamos nuestros derechos, muchas veces pisoteados, y disolvemos nuestras responsabilidades, generalmente ancladas en el olvido. Pedimos. Exigimos. Pero no nos comprometemos. Nos quejamos de la injusticia. Y esa queja justifica y nos da derecho, pensamos, a no comportarnos correctamente. Reímos cuando alguien “de los nuestros” agrede a un contrario. (Sí, señoras y señores, las faltas de respeto constantes también son agresiones). La sociedad no solo nos rodea, sino que forma parte de nosotros. Del ser humano. Pedimos. Exigimos. Pero no nos comprometemos. Somos seres responsables de nuestros actos y nuestras decisiones. La manera de evolucionar es, precisamente, criticando y mejorando a los que llevan nuestra propia camiseta, y no atacando sistemáticamente al contrario. Hemos convertido el día a día en un ‘ELLOS CONTRA NOSOTROS’.

“El miedo generalmente se manifiesta de dos maneras: a través de la agresividad o  através de la sumisión”
Paulo Coelho

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El odio llama al odio. Los constantes post ‘ANTI TODO LO CONTRARIO A MÍ’ en Redes Sociales tan sólo invitan a reproducciones ‘intelectuales’ masivas. Los medios de ‘economización’ (también conocidos como medios de comunicación) se han hecho eco de esto. Y lo aprovechan. Expulsamos de nosotros mismos toda responsabilidad saliéndonos del pecho, cual alien, de una manera totalmente brutal. Nos sentamos en el sofá de casa. Encendemos la televisión y buscamos cómplices. Buscamos alguien, o algo, que justifique lo que hacemos. Que calme nuestra culpa y la descargue sobre los demás, sobre los que no son como nosotros. Y por eso cada vez hay más “personajes” en televisión. Algunos de dibujos animados, y otros animados pero estancados en el blanco y negro. Hay personajes de este tipo de color rojo, azul, morado, naranja; los hay blancos, azules, granas, a rayas; los hay con cruces, con lunas, con estrellas; los hay de todo tipo. Somos capaces de encontrar mil argumentos que justifiquen lo que hacemos, y de no (querer) entender ninguno de los que justifican lo que hacen los demás.

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El origen del coaching es la humildad de no creerse poseedor de la verdad, la empatía para comprender que existe una realidad diferente para cada persona, y la responsabilidad de generar cambios positivos en uno mismo mientras dejamos de culpar a los demás. TODOS TENEMOS LIBERTAD de decisión y de cambio.

“La verdadera revolución no pasa por cambiar la sociedad, pasa por cambiarnos a nosotros mismos”

Tenemos la opción de seguir comportándonos como hasta ahora y quejarnos de cómo van las cosas, o podemos cambiar nosotros mismo y generar cambios en nuestra realidad. Hace tiempo, la vida y sus circunstancias me ofrecieron las dos pastillas: la del letargo (inmovilidad y queja) y la del despertar (cambio y responsabilidad). Yo elegí. Ahora…TÚ DECIDES

Jesús Sánchez-Camacho Matilla

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