Y LOS SUEÑOS, SUEÑOS SON

“¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son”
Pedro Calderón de la Barca (La vida es sueño)

 

Nos pasamos la vida soñando. Soñamos mientras dormimos. Y en esos sueños nos trasladamos a lugares en los que ya hemos estado antes, vemos gente a la que conocemos, realizamos actividades que ya hemos experimentado y, de repente, comenzamos a crear. Creamos mundos paralelos que hasta ese mismo momento solo imaginábamos, vemos a toda esa gente por primera vez, de razas, colores, y formas que se sale de lo ordinario, somos capaces de hacer cosas que pensamos imposibles, volamos como los pájaros, corremos como los guepardos, nadamos como los delfines, y hasta nos teletransportamos de un mundo a otro con tan solo pensar en ello.

Nos pasamos la vida soñando. Soñamos mientras dormimos, pero soñamos aún más cuando estamos despiertos. Soñamos con tener una pareja que nos ame de verdad, con la que vamos a tener hijos y con la que vamos a ser muy felices. Soñamos con ocupar ese puesto en la empresa que tanto nos gusta, con ganar 5 veces más de lo que ganamos hoy en día, con esa casa en primera línea de playa, con ese coche de color negro plateado que se asemeja cada vez al coche de Batman, con ese otro coche más grande y útil que será el encargado de los viajes familiares, con levantar esa copa del mundo después de vencer en la final al equipo favorito, soñamos con vivir en el país de la libertad donde todo es justo y donde las leyes y la libertad no están reñidas. Sonamos. Soñamos tanto que en ocasiones es difícil saber si estamos despiertos o estamos dormidos. Pero soñamos.

Cuanto más soñamos, más vivos nos sentimos. Y esos sueños se transforman en deseos. Y…aquí llega el momento crucial de nuestras vidas. Si, de todas nuestras vidas. Ese momento en el que nosotros, y solo nosotros, decidimos libremente si queremos que esos deseos sigan siéndolo durante toda nuestra vida, o si decidimos transformarlos en objetivos. Porque como dije antes, cuanto más soñamos, más vivos nos sentimos. Pero cuanto más deseamos, más vida perdemos. Los deseos nos encierran en nuestra realidad actual. Los deseos ponen barreras y limites, y nos demuestran que el objeto de nuestro deseo está lejos de nosotros. Los deseos son eso que queremos, pero que “sabemos” que no tendremos, porque son “inalcanzables”.

Un deseo llega a nuestra mente de la misma manera que Morfeo llego hasta Neo en la película de Matrix. Los deseos aparecen de repente y se meten en nuestra mente. Y después de presentarse nos muestra sus manos, separadas y portando una pastilla de color rojo y azul en cada una. La pastilla azul nos hace olvidar como ha llegado hasta nosotros ese deseo, y desaparecerá y regresará durante toda nuestra vida sin darnos más explicaciones. Torturándonos y recordándonos que está lejos y que nunca será nuestro. La pastilla roja nos despierta del letargo que la sociedad actual nos induce desde que nacemos. Ese color rojo fuego comienza a mostrarnos caminos que acercan ese deseo y que lo transforman en objetivo. Ese objetivo comienza a crear líneas discontinuas que se dirigen hasta nosotros. Esa pastilla de color rojo, de aspecto inocente, tiene el poder de generar puentes para que esas líneas discontinuas se unan y soporten el peso de nuestros aciertos y nuestros errores. Esa pastilla roja nos ata una cinta elástica en la cintura para que cada vez que caigamos, nos levantemos tomando impulso.

0002

Nos pasamos la vida soñando. Soñamos mientras dormimos, y soñamos cuando estamos despiertos. Una vez hemos convertido los deseos en objetivos, no hay marcha atrás. Todas nuestras acciones irán dirigidas hacia esa meta. Todas. Porque cuando un deseo es real, nada puede pararlo.

Ese deseo que se convierte en acción tiene un enemigo vital que es capaz de asesinarlo cada vez que se encuentran. El miedo. El miedo es la némesis del deseo. Ese enemigo cargado de cuchillos hasta los dientes cuyo objetivo es arrancar esa pastilla azul de nuestro estomago para que abandonemos nuestro objetivo, regresemos al mundo de los deseos, y nos alejemos de lo que de verdad importa. El miedo tiene muchas formas de triunfar, pero la principal se centra en nuestro cerebro: es capaz de introducir mensajes subliminales constantes que nos hacen “imaginarnos” en escenarios que son difíciles de soportar. Muchas veces somos conscientes de la presencia cuando aparece en forma de fracaso. Nos empiezan a temblar las piernas cuando vamos a patear ese penalti que decide si somos campeones del mundo, nos pesa el brazo cuando lanzamos el balón a canasta sobre la bocina en la final de liga, la cabeza se nos llena de números cuando debemos responder esa fecha que nos otorgara una plaza de trabajo de por vida, etc. Pero, ¿qué es lo que nos da miedo de verdad, la derrota o la victoria? Si perdemos, ¿qué cambiara en nuestra vida? Nada, habremos aprendido una lección y seguiremos intentando mejorar. Sin embargo, cuando triunfamos, todo cambia. La vida que conocemos hasta ahora, los sacrificios que hemos llevado a cabo, todo, termina. La fama, el dinero, una nueva familia, un nuevo puesto de trabajo, una nueva ciudad. Cuando todo aquello era un sueño, tan solo un sueño, era genial. Pero ahora es una realidad. ¿Qué vamos a hacer a partir de ahora? ¿De qué manera vamos a suministrar todos estos cambios repentinos en nuestras vidas? Viviendo. Es siempre el único camino para todo. Vivir. Volver a sonar, volver a desear, volver a transformar esos deseos en objetivos, y disfrutar del camino. Porque al final de nuestras vidas, es cuando nos damos cuenta de que lo único que ha valido la pena de verdad ha sido el camino recorrido. Las medallas y los cheques se caen de los bolsillos una vez cerramos los ojos para siempre. La vida que hayamos vivido (y la que no) es lo único que se queda con nosotros. Vive. Y sueña. Porque la vida es sueño.

0003

“Cuando deseamos algo con todo nuestro alma, las barreras, las excusas, las dificultades, los sacrificios,TODO, empequeñece.
Los deseos, cuando son reales, quedan impresos en nuestra mente y no se borran jamás hasta que los hacemos realidad.
Esos deseos que anhelamos tanto SIEMPRE, se acercan cuando trabajamos para ello. Pero cuanto más cerca están, más miedo dan.
Se habla mucho del miedo al fracaso pero es mayor el miedo al triunfo. Nos aterra alcanzar aquello que deseamos dejando todo atrás.
‪Un deseo sin acción será siempre un deseo. Un deseo con acción se convierte en objetivo. QUERER NO ES PODER. PODER ES HACER”

Jesús Sánchez-Camacho Matilla

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s