EL LADO OSCURO

«El miedo es el camino hacia el lado oscuro. El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento, el sufrimiento al lado oscuro»
Yoda

El miedo es una perturbación del ánimo que causa angustia por un riesgo que puede ser imaginario o real, no sólo del presente sino también del pasado o del futuro. El miedo es un sentimiento común en la humanidad, un modo de preservación que activa la amígdala cerebral donde se depositan las reacciones emocionales. Cuando el miedo es exagerado nos encontramos en presencia de una fobia.

La ira es una conjunción de sentimientos negativos que genera enojo e indignación. En general, la ira se encuentra íntimamente ligada a la frustración, dado que surge como una combustión ante la imposibilidad de resolver algo.

El odio es la antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien. Se trata de un sentimiento negativo que desea el mal para el sujeto u objeto odiado. El odio está vinculado a la enemistad y la repulsión. Las personas tratan de evitar o destruir aquello que odian. En el caso del odio hacia otro ser humano, el sentimiento puede reflejarse a través de insultos o agresiones físicas. Se considera que el odio es lo opuesto al amor.

El sufrimiento es el padecimiento, la pena o el dolor que experimenta un ser vivo. Se trata de una sensación, consciente o inconsciente, que aparece reflejada en padecimiento, agotamiento o infelicidad. Ante el sufrimiento, se produce una serie de emociones o estados, como la frustración o la ansiedad. Muchas veces, los seres humanos escondemos el sufrimiento de los demás para justificar nuestras malas acciones.

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Después de analizar el significado de estas palabras, de estos estados emocionales, comienzo este artículo. Y lo hago desde el desconcierto que, una vez más, me provoca la humanidad.

Hemos centrado todos nuestros esfuerzos en educación en el intelecto, en llenar nuestra mente de datos y de números, con el fin de ser más capaces de… ¿? Y esa es mi primera pregunta, ¿qué busca nuestro sistema educativo con tanta infoxicación (exceso de información)? ¿busca mejorar nuestro futuro? ¿busca otorgarnos herramientas para que nos desarrollemos como seres humanos?

Los hechos sustentan la teoría de que una persona con un alto coeficiente intelectual y una mala gestión emocional está abocado al fracaso en algún punto de su vida. ¿Nos sirven todos estos datos que estudiamos en la escuela? ¿De verdad aprendemos de la historia de la humanidad?

La historia del ser humano es cíclica, la repetimos todo el tiempo sin dar muestras de aprendizaje alguno. Siglo tras siglo. La violencia genera violencia. Guerra tras guerra. Luchamos por la supervivencia. Nos unimos formando pueblos, países… Alianzas. Después la avaricia y el egocentrismo hacen que nos cansemos. Nos autodestruimos. Y volvemos a comenzar el círculo.

“El descontento y la frustración que sientes son únicamente tu propia creación.” – Stephen Richards

Nos empeñamos en buscar culpables fuera de nosotros. Recategorizamos todo. Y nos incluimos en aquel bando o grupo que justifica lo que ya hacemos, sin si quiera dejar lugar a la duda de si es correcto o no. Porque ya hemos etiquetado a lo que es diferente como “los malos”. No nos inquieta demasiado buscar una explicación de porqué los hechos derivan en barbarie con tanta facilidad. Y entonces la ira nos posee y se adueña de nuestras palabras y de nuestros actos. Superamos la irracionalidad y volvemos a andar a cuatro patas. Pero nuestra conciencia se ha puesto un chubasquero para protegerse de la lluvia de odio que nos está cayendo encima, porque nosotros, todos “nosotros”, somos “los buenos”.

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Hacía referencia a la escuela y al sistema educativo al comienzo con un objetivo. Las emociones. O mejor dicho, la gestión emocional. De la cual se habla mucho, pero se enseña poco. Si bien el mencionarla tan a menudo ya es un gran paso, no es suficiente.
Veo apenado como cada fin de semana la violencia en el deporte ya está totalmente justificada. Hace un par de años, al terminar de arbitrar un partido de fútbol sala, hablé con unos padres que habían estado insultándome durante todo el partido. Les dije que cuando se quiere evitar la violencia por parte de los jugadores, es bueno que comience por evitarse en la grada. Su respuesta enfrente del equipo de su hija: “si eres árbitro tienes que aguantar los insultos, si no, no te metas a arbitrar”. Mi conclusión, reafirmada durante tantos otros partidos en los que he ejercido de jugador, entrenador, árbitro o espectador: “la gente considera que el asistir a un campo de fútbol le da barra libre para expulsar de cualquier manera todas las miserias de la semana y todos los monstruos internos de su vida”. ¿De dónde ha derivado todo esto? Del poco/nulo control y gestión emocional que tiene la gente de nuestra sociedad. La calma, la paciencia, la respiración profunda, el placer de la victoria sin necesidad de pisar al rival, etc. son valores que hemos dejado que se entierren poco a poco bajo la desesperación y la pena. ¿De qué manera se trabaja eso en la escuela con nuestros hijos para que, a través de este control, sepan desenvolverse en el futuro y sean capaces de mejorar este mundo?

“En la guerra no existe la victoria, sino distintos grados de derrotas”
Paul Joseph Goebbels

Me resulta increíble ver como ante atentados terroristas, hay “gente” que en lugar de asistir, ayudar, llorar o “simplemente” dar la mano a las víctimas, decide sacar su móvil y ponerse a grabarlas para segundos después subirlo a sus redes sociales con el hashtag apropiado para obtener más “likes”. ¿No debería ser precisamente la empatía lo que caracterizara al ser humano? ¿Dónde ha quedado ese ponernos en el lugar del otro?

Ya no me sorprende tanto como cualquier acto de este tipo genera de manera inmediata un llamamiento al odio masivo generalizado hacia un exogrupo que no tenga, por supuesto, nada que ver con nosotros. En apenas segundos, pasamos de criticar el asesinato como herramienta para conseguir algo, a justificarlo de manera irrebatible para terminar con “los malos”. El sentimiento de ira no se puede evitar cuando suceden cosas que no comprendemos y sobre todo que no compartimos. Y permitirnos sacar esa ira no solo no es negativo, sino que es necesario para evitar que se transforme en enfermedad. Pero existen muchas maneras de expresarla cuidando lo que sucede después. Siguiendo con el uso de las Redes Sociales, comenzar a soltar improperios y deseos de sangre no solo no nos relaja, sino que nos tensa aún más. Y el resultado para que el que lo lee es similar, ya que tanto si estás de acuerdo como si no, se crea una confrontación interna.

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¿Qué hago yo? Pues sentir ira. Seguramente la misma que estás sintiendo tú mientras me lees o mientras ves las noticias sobre cualquier atentado o asesinato en el mundo. ¿Cómo la afronto yo? Escribiendo. Ya cuando presenté mi libro “Coaching Viral” dije que soy un egoísta, y que el motivo por el que escribo no es otro que el poder liberarme. ¿De qué? Pues de sentimientos como la ira, la rabia, la impotencia, etc.

“La ira, el resentimiento y los celos no cambian el corazón de los otros. Sólo cambia (empeora) el tuyo”
Shannon L. Alder

Procuro gestionar todas esas emociones y escribir cuidando la “Ecología Social”, tan necesaria para que las cosas no empeoren, sino que cambien a mejor. ¿Me enseñaron en la escuela a gestionar estas emociones? No. ¿Me enseñó la propia vida? Sí. Y no. La vida te golpea, pero que aprendas y cambies no depende de ella, sino de ti mismo. ¿Cómo aprendí yo a gestionar-me? Pues a través de la inteligencia emocional, la cual aprendí durante mi formación como coach. A veces es bueno que nos olvidemos de lo que creemos que pasa fuera de nosotros y nos centremos en lo que realmente nos sucede por dentro. O será el Lado Oscuro el que acabe dominándonos a todos.

Jesús Sánchez-Camacho Matilla

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